miércoles, 16 de noviembre de 2011

Textos Descriptivos ; La nevera de Hielo, Antonio López

                                                                 LA NEVERA DE HIELO



El cuadro se titula “La nevera de hielo” y fue pintado en el año 1966  por Antonio López, pintor español realista. Representa una escena costumbrista de la vida cotidiana.



En el lienzo se observa una pequeña nevera de hielo, parece del siglo pasado. Es blanca pero con toques amarillentos, como haciendo a antiguo. Tiene la puerta de arriba abierta. En ella se encuentran 4 huevos, un tarro de yogurt de “Danone”, una bolsa de harina y un pequeño tarro de espárragos.

Dentro de ella, hay una bolsa de plástico que está llena de congelados y una jarra de leche. La de debajo, en cambio, está cerrada, y tiene un enorme manillar de metal.

Encima de la nevera, hay una bolsa de magdalenas y un tazón de leche, con una cucharilla dentro, que parece que ha sido usado. También hay dos sobados sueltos.

Más arriba, hay un calendario blanco, con los días en negro.



La habitación que deja descubierta la puerta, es oscura y lúgubre. Justo donde está ella, la esquina de una pared.

Alumbra un poco el foco. Este tiene poca intensidad,   ya que da luz, pero la menos posible.





Las figuras están perfiladas y dibujadas con formas y proporciones adecuadas. Este cuadro representa una escena en primer plano y tiene profundidad, que es la habitación que se encuentra detrás de la puerta.

Está pintado en líneas verticales, como haciendo pequeños rectángulos. Por ejemplo, la nevera hace uno. Se encuentra justo en el punto en el que se unen las dos diagonales, es decir, es el objeto principal de la obra.



Este cuadro está pintado en óleo, como casi todos de Antonio López. En este hay mucha carga matérica, es decir, colores muy oscuros, sobre todo detrás de la puerta, en la habitación.



Hay poca luz, pero la poca que entra va de frente, iluminando un poco la nevera y la habitación de detrás. Se combinan un juego de sombras que están pintadas por al lado de nevera y en la sala, sobre todo en la esquina.





Esta fue su nevera en esos años y funcionaba con hielos. Ya no se fabrican de estas neveras. Después de jubilarla, se compró otra nevera, más moderna, la cual era más grande y no funcionaba con hielos, sino con cámaras frigoríficas. Con esta también realizo un cuadro, llamado “La nevera nueva”.





Este cuadro me parece muy interesante, ya que es bastante bonito, original y sencillo. He calificado a este con esos tres adjetivos, porque me parece bastante vistoso ver una nevera pintada, también me parece muy bonito porque los colores oscuros y la poca luz embellecen al cuadro.

Verlo en la realidad es muchísimo más impactante que en imágenes de Google, ya que en Internet no se puede apreciar tanto como en persona.

Ha merecido la pena ir al museo de Antonio López, ya que tiene cuadros muy bonitos y tiene una forma muy curiosa de trabajar.


Textos Narrativos ; Biografía.

        OTRA VIDA


El 4 de abril de 1938, nació Benjamín Robles Alonso en un pequeño pueblo de la sierra de Salamanca, llamado Villanueva. El pueblo tenía como unos 50 habitantes, ya que era muy pequeño y todos se conocían entre sí. En aquella aldea, se les llamaban por apodos, a la familia de Benjamín la llamaban los Robles, y les siguen llamando, esto desde siempre.

Su familia constaba de su madre, su padre, una hermana pequeña llamada Berta y él. En esas épocas era difícil conseguir dinero, ya que en esos últimos años estaban de guerras, pero su parentela, nunca tuvieron problemas económicos, ya que su ellos tenían unas viñas, que sacaban bastantes ganancias, porque luego los productos los vendían y algunos se los quedaban ellos.



 Antes de cumplir los tres años, se quedó sin padre. Desde ese acontecimiento tan triste, se fueron a vivir, su hermana y él, con sus abuelos paternos, quienes los cuidaron y los quisieron aun más que su madre. Mientras vivía con ellos, iba al colegio todos los días, al salir de clase hacía los deberes y después iba con sus amigos a jugar a las cartas, a las chapas, o a charlar a la plaza.

De mientras su madre trabajaba e intentaba buscar un esposo que los pudiera mantener, ya que no tenían mucho dinero, porque el padre era el único que lo ganaba.

A los 9 años, que se volvió a casar su madre, así que  tuvo que volver con sus padres, dejar el colegio y ponerse a trabajar en el campo. Para él fue muy duro dejar de estudiar, de vivir con sus abuelos, porque lo querían mucho. Tampoco le hacía mucha gracia dejar de estar tanto tiempo con sus amigos. La verdad es que tuvo que madurar bastante pronto.

Trabajaban todos los días su hermana y él en las viñas. Labraban muy duro, para que su familia pudiera tener algo que comer.  Muchas de las noches, se quedaba en el campo  mientras sus padres dormían.



A los 14 años,  se tuvieron que ir a Salamanca, porque sus padres querían ganar más dinero y poder permitirse caprichitos. El camino hacia Salamanca fue muy costoso, ya que fueron a caballo. Sus padres cogieron una tienda de ultramarinos, lo que ahora se llama un supermercado.

Benjamín ayudaba a sus padres en la tienda, atendía o recolocaba los productos, pero no estudiaba.



A los 19 años, se marchó a Bilbao por motivos de trabajo, ya que en el País Vaco en esas épocas de vivía mejor. Se puso a trabajar en la obra, exactamente en construcciones “Petri”.

Mientras trabajaba, se cayó desde un andamio al suelo, en los que había 5 metros de altura, pero no le paso nada.

Luego, estuvo trabajando en una fábrica de química en las Arenas.

Conoció en Bilbao a una chica muy especial para él, Valentina, quien sería su futura esposa. Era una chica morena, de estatura baja, una mujer muy sencilla y humilde.

En Baracaldo, un día que paseaba por la calle, de repente vio que dos hombres sacaron a una señora de su coche y la querían pegar, entonces Benjamín, la defendió y a cuenta de ellos, le pegaron dos navajazos en la tripa.



 A los 27 años, puso de nuevo rumbo a Salamanca, a su pueblo natal, ya que se había aburrido tanto de las ciudades y le apetecía oler de nuevo el olor de sus tierras. Quiso experimentar, así que montó un bar de su propiedad. El local se llamaba “Piquios”, un nombre muy peculiar que se le ocurrió de camino a su villa.

 Trajo también  a su novia, para que conociera su pueblo y le ayudara con el bar.

En ese mismo año se casó y tuvo dos hijos, Miguel y José.

Después de 5 años, se puso a trabajar de camionero, pero le salió mal el negocio.



Cuando tenía 32 años, se fue a Alemania, por motivos de trabajo. Alemania le pareció algo distinto de lo que él había visto en fotos, se respiraba aire frío en ese gran estado. Se puso a trabajar en una fábrica textil, donde le fue muy bien.

 Además de trabajar en la fábrica, cogió un bar llamado, “El centro español en Monchelglapa”. Solo se habría los sábados, domingos y festivos.

A pesar de que no supiera hablar alemán, hacía los pedidos por teléfono a los alemanes, en alemán.



38 años tenía cuando se vino para Bilbao, ya que quiso volver a estar con su familia  y empezó a trabajar de frutero. Esto le fue demasiado fácil, empezó en una pequeña frutería, pero luego empezó a ir a grandes mercados.

El mismo año, se separó de su mujer. Fue un golpe duro para él, pero lo llegó a superar.



Cuando tenía 48 años, un día que fue al mercado, una señorita se le acercó a preguntarle por kivis, a cuanto estaban y ahí es cuando supo que esa sería su futura novia. Así que, ese mismo año empezaron una relación.

Después de tantos años de noviazgo, quisieron ser oficialmente casados, y eso fue cuando tenía 52 años.



Cuando tenía 60 años, le operaron del corazón.



Ahora, a sus 73 años, lleno de vitalidad, se dedica a realizar sus sueños; a estar con la persona a la que quiere, a viajar por muchos lugares, a pasear por el parque y a cuidar de sus queridos nietos, como lo hicieron sus abuelos.